Luis Ramón
“Invertir en viajar, es invertir en uno mismo”
Mathew Karsten
Blogger y nómada digital estadounidense
Desde Monterrey habíamos planeado una parada intermedia para conocer una isla o playa en el sudeste asiático. Con esto completaríamos una playa en cada uno de los seis continentes, si separamos a Sudamérica como uno más. Norte y Sudamérica tanto en playas del Atlántico como del Pacífico. Europa en playas del Mediterráneo. Australia en el Pacífico y África en la punta del Atlántico y Mediterráneo. Y como bono, las playas de Hawái en el medio del Pacífico. Además, era nuestra ocasión para conocer por qué son tan famosas las playas de estos lugares.
Nuestra agencia reservó en la isla de Samui. “Koh” significa “isla” en tailandés. Koh Samui, la segunda isla más grande de Tailandia se ubica en el golfo de Tailandia frente a la costa este del istmo de Kra. Es conocida por sus playas bordeadas de palmeras, sus arboledas de cocoteros y su denso bosque montañoso, junto con lujosos centros turísticos y elegantes balnearios.
Nuestro vuelo del aeropuerto BKK fue en Bangkok Airways, la supuesta línea Boutique de Asia. Una línea que aún no ha sido alcanzada por el presente y aún ofrece desayunos calientes en vuelos de una hora y en clase económica. El aeropuerto de Samui se parece al de Huatulco en Oaxaca. Con palapas de paja o palafito muy coquetas como salas de llegada y salida. Las maletas llegaron rápidamente y afuera nos esperaba ya nuestra camioneta con la representante del hotel. Hicimos un trayecto de 25 minutos hasta el hotel Belmond, Napasai, entre montañas y luego una avenida transitada por motos y tuk tuks por doquier. Seguíamos en Tailandia.
El hotel se parece mucho al Belmond Maroma. Sin perder tiempo nos pusimos los trajes de baño y fuimos al mar. La temperatura del agua era espectacular, no así la arena que todavía estaba revuelta por las lluvias y seguía trayendo una especie de sargazo. ¡Válgame con esta planta, que anda por todos lados! Comimos en la playa y seguí reflexionando sobre los temas de Bangkok.
Platicamos un poco de todo y de nada. Comenté que hasta hace menos de 100 años ese era el reino de Siam. De ahí viene la palabra “siamés” utilizada para designar tanto a los niños que nacen con cabezas juntas, pues la primera pareja que fue separada era de este origen, como para los gatos de esa raza. No podíamos recordar en qué película salían ese par de gatos malévolos Si y Am, si en Aristogatos o en los Dálmatas y tuvimos que recorrer al Google para que nos corrigiera. La realidad es que estos personajes pertenecían a la película “La Dama y el Vagabundo”. De cualquier forma, mi memoria sigue almacenando un centenar o tal vez un millar de datos inútiles.
También platicamos sobre la política y el mecanismo de gobierno monárquico en Tailandia. Según nos explicó María, el rey actual no es nada sobresaliente. Está casado con su cuarta esposa y aún no cuenta con un heredero legítimo que pueda acceder al trono. Tiene un par de hijos bastardos y un hijo legítimo con autismo. La familia real es dueña de un gran porcentaje de la línea aérea Thai, la mayor empresa de construcción de Tailandia, las empresas de comunicaciones y de las principales cadenas hoteleras del país. Por lo que realmente siguen teniendo el control. Y cuando apareció un primer ministro que deseaba hacer cambios significativos y con una visión de futuro, los reyes provocaron un golpe de estado.
Estoy seguro de que aún en Suecia o Dinamarca existen grupos de poder y que algunas veces abusan de él. Sería iluso o utópico que no suceda de esta manera. La novela y película “La chica con el tatuaje de dragón” son muestras de ello. Pero no al grado que se da en México y este tipo de países, donde parece ser que abusar del poder es lo ideal. Encontré al menos tres diferencias y desde luego las supongo:
Se me antoja soñar con un sistema monárquico-dictatorial, pero con un “dictador” estadista con visión de futuro. Desde Platón y Aristóteles se sabe que esto es lo ideal, pero como este sistema compuesto de monarcas ineptos como los que tenemos en México y muchos países de Latinoamérica, nos conviene conformarnos con un sistema en el que podamos despedirlos con nuestro voto.
La plática se fue de un lado a otro y el sol sin preocuparse por nuestra conversación continuó con su trayectoria para ponerse de manera espectacular. Optamos por cenar dentro del hotel al aire libre con mesas en la arena, por lo que podemos cenar descalzos. Supuestamente música en vivo, pero el saxofonista en realidad tocaba una melodía y descansaba cuatro o cinco. Entre ritmos de bossa-nova, la brisa marina y bajo una noche estrellada, pedimos nuestra cena tailandesa. Deliciosa, por cierto. Yo probé la barracuda y un platillo parecido a un Pad Thai, o tal vez, lo que en Monterrey conocemos como Pad Thai, es una copia de esto. Muy bien especiado.
Los miércoles había una clase de yoga a las 8 de la mañana impartida en una palapa en lo más alto de la montaña. Fui el primero en llegar. Al poco rato llegó la maestra, una tailandesa menudita y esbelta. Además de una pareja inglesa de nuestra edad y unas jóvenes con su mamá que supusimos japonesas. Karla llegó un poco más tarde, cuando la clase ya había empezado y no había podido distinguir las instrucciones y acento de la yogui. Pensó que era una posición o mantra nuevo, cada vez que decía “Sooulolii to rai”. Al final de la clase le expliqué que era “Slowly to the right” y nos atacamos de risa. No fue la mejor clase de yoga, pero a nadie le cae mal una pequeña estirada a mitad del viaje.
Por la tarde hicimos uso de los vales para masaje tradicional tailandés que no probé en Bangkok. La masajista inmediatamente subió a mi espalda y con nudillos de pies, codos y manos comenzó su labor de descontracturar y relajar. Una vez pasados los 60 minutos mi espalda y piernas se sintieron muy bien trabajadas. Así que experimentamos el masaje tailandés original, con la muchacha caminando sobre ti. El té del final estuvo buenísimo.
Por la noche cenamos en el pueblo de pescadores para conocer el mercado nocturno. El taxista nos dejó en una especie de malecón. Había algunos restaurantes directamente en la playa y en ésta muchas tumbonas de lona con arena y mesas ya repletas de turistas fumando sus shishas esperando el espectáculo de acróbatas de fuego. Nos sentamos un rato a verlo, pero notamos que era muy similar al del Tora de Cancún, así que mejor nos fuimos a cenar a un restaurante en la playa de comida típica tailandesa que disfrutamos mucho. Las meseras al igual que en el hotel, con un inglés muy limitado, adicional a que el acento asiático lo hace menos entendible. Eso sí, todas siempre con una gran sonrisa.
Al salir recorrimos el mercado nocturno. Los primeros puestos eran de souvenirs y falsificaciones. Había desde jabones, imanes y sarongs, hasta bolsas LV y jerséis de Mbape y Messi. Luego siguen los puestos de comida y restaurantes callejeros: racks de cordero, BBQ ribs, tomahawks completos, jugos de fruta, frutas, pescados, mariscos, conchas, kebabs, hot dogs, hamburguesas, elotes asados, cervezas, alacranes, grillos, escorpiones y otros guisos que no sabría describir. Elegí un elote asado y probé un escorpión negro. Comencé con las tenazas y dejé para el último la cola y el aguijón. No estuvo mal, bastante crujiente y doradito. Como dirían Timón y Pumba, “viscosos pero sabrosos”.
De regreso al hotel en Tuktuk. La calle, incluso de noche, estaba también llena de motos por lo que tuvimos que caminar con cuidado. Por la mañana, en una carrera suave bordeando la carretera y sin lugar fijo hacia donde correr, nos dirigimos hacia el sur. No me percaté del tiempo cuando sin querer ya llevaba 3 km, así que regresamos. Pasamos al lado de una escuela primaria con los niños en uniforme, pants azules y playera naranja. Este uniforme es obligatorio de lunes a sábado y cuentan con el inglés como segunda lengua oficial. Había muchas vacas sueltas y puestos variados a la orilla del camino, desde vulkas hasta comidas callejeras y 7-elevens.
El Napasai cerrará pronto para entrar en remodelación igual que el Maroma. La cadena Belmond fue adquirida por LVMH, el conglomerado multinacional francés líder absoluto en lujo y dueño de 76 marcas de renombre en todo el mundo. Tiene su sede en París y está presidida por Bernard Arnault, la persona más rica del mundo, quien desea que sus hoteles sean aún de mayor lujo. Nos quedamos platicando un rato sobre estas experiencias. Coincidimos en que los Airbnb seguirán ganando terreno, pero las cadenas de super lujo, seguirán existiendo y alejándose cada vez más de un viaje convencional.
Los días y noches en la isla, fueron como las que promocionan el Sr. Rourke y Tatoo en su programa de televisión de fantasía en los setenta. Gozamos Koh Samui, pero como mexicanos quedamos convencidos de que las playas del resto del mundo quedan por debajo de las nuestras, no solo por su belleza natural, sino por el esmerado servicio de nuestra gente. Finalmente partimos de regreso a Bangkok para nuestro vuelo a Siem Reap en Camboya, nuestra siguiente parada.
"Investing in traveling is investing in yourself"
Matthew Karsten
American blogger and digital nomad
From Monterrey we had planned an intermediate stop to get to know an island or beach in Southeast Asia. With this we would complete a beach in each of the six continents, if we separate South America as one more. North and South America on both Atlantic and Pacific beaches. Europe on Mediterranean beaches. Australia in the Pacific and Africa at the tip of the Atlantic and Mediterranean. And as a bonus, the beaches of Hawaii in the middle of the Pacific. In addition, it was our opportunity to learn why the beaches in these places are so famous.
Our agency booked on the island of Samui. “Koh” means “island” in Thai. Koh Samui, Thailand's second largest island, is located in the Gulf of Thailand off the east coast of the Kra Isthmus. It is known for its palm-fringed beaches, coconut groves, and dense mountain forest, along with luxurious resorts and elegant beach resorts.
Our flight from BKK airport was on Bangkok Airways, the so-called Asia Boutique Line. A line that has not yet been reached by the present and still offers hot breakfasts on one-hour flights and in economy class. Samui's airport resembles Huatulco's in Oaxaca. With straw palapas or very charming stilt houses as arrival and departure rooms. The suitcases arrived quickly and our van with the hotel representative was waiting for us outside. We made a 25-minute journey to the Belmond hotel, Napasai, between mountains and then an avenue busy with motorcycles and tuk tuks everywhere. We were still in Thailand.
The hotel is very similar to the Belmond Maroma. Without wasting time we put on our bathing suits and went to the sea. The water temperature was spectacular, but not the sand, which was still stirred by the rains and still brought a kind of sargassum. Good luck with this plant, it's everywhere! We ate on the beach and I kept reflecting on the issues of Bangkok.
We talked a little about everything and nothing. I commented that until less than 100 years ago that was the kingdom of Siam. This is where the word “Siamese” comes from, used to designate both children born with heads together, since the first couple that was separated was of this origin, and for cats of that breed. We couldn't remember which movie that pair of evil cats Si and Am were in, whether it was the Aristocats or the Dalmatians, and we had to go to Google to get it to correct us. The reality is that these characters belonged to the movie "Lady and the Tramp." Either way, my memory keeps storing a hundred or maybe a thousand pieces of useless data.
We also talk about the politics and mechanism of monarchical rule in Thailand. As Maria explained to us, the current king is nothing outstanding. He is married to his fourth wife and still does not have a legitimate heir who can ascend to the throne. He has a couple of bastard children and a legitimate son with autism. The royal family owns a large percentage of the Thai airline, Thailand's largest construction company, communications companies and the country's leading hotel chains. So they really are still in control. And when a prime minister appeared who wanted to make significant changes and with a vision of the future, the kings provoked a coup.
I am sure that even in Sweden or Denmark there are groups of power and sometimes they abuse it. It would be illusory or utopian for it not to happen this way. The novel and film "The girl with the dragon tattoo" are examples of this. But not to the degree that occurs in Mexico and this type of country, where it seems that abusing power is the ideal. I found at least three differences and of course I assume them:
It seems to me that I dream of a monarchical-dictatorial system, but with a statesmanlike “dictator” with a vision of the future. Since Plato and Aristotle, it has been known that this is the ideal, but since this system is made up of inept monarchs like the ones we have in Mexico and many Latin American countries, it is convenient for us to settle for a system in which we can fire them with our vote.
The talk went from one side to the other and the sun without caring about our conversation continued on its trajectory to set in a spectacular way. We opted to dine inside the hotel in the open air with tables on the sand, so we can dine barefoot. Supposedly live music but the saxophonist actually played one tune and rested four or five. Between bossa-nova rhythms, the sea breeze and under a starry night, we ordered our Thai dinner. Delicious, by the way. I tried the barracuda and a dish similar to a Pad Thai, or perhaps what we know in Monterrey as Pad Thai, is a copy of this. Very well spiced.
On Wednesdays there was a yoga class at 8 in the morning held in a palapa at the top of the mountain. I was the first to arrive. Shortly after, the teacher arrived, a petite and slender Thai woman. In addition to an English couple our age and some young women with her mother who we assumed were Japanese. Karla arrived a little later, when the class had already started and she had not been able to distinguish the yogi's instructions and accent. She thought it was a new position or mantra, every time she said “Sooulolii to rai”. At the end of the class I explained to her that she was “Slowly to the right” and we burst out laughing. It wasn't the best yoga class, but no one minds a little mid-trip stretch.
In the afternoon we made use of the vouchers for traditional Thai massage which I did not try in Bangkok. The masseuse immediately climbed on my back and with her knuckles on her feet, elbows and hands she began her work of decontracting and relaxing. After 60 minutes my back and legs felt very well worked. So we experience the original Thai massage, with the girl walking on you. The tea at the end was great.
At night we have dinner in the fishing village to see the night market. The taxi driver dropped us off on a kind of boardwalk. There were some restaurants directly on the beach and on this beach many canvas loungers with sand and tables already full of tourists smoking their shishas waiting for the show of fire acrobats. We sat for a while to see it, but we noticed that it was very similar to Tora in Cancun, so we better went to have dinner at a restaurant on the beach with typical Thai food that we enjoyed a lot. The waitresses, as in the hotel, with very limited English, in addition to the fact that the Asian accent makes it less understandable. Of course, all always with a big smile.
On our way out we toured the night market. The first stalls were for souvenirs and counterfeits. There were everything from soaps, magnets and sarongs, to LV bags and Mbape and Messi jerseys. Then follow the food stalls and street restaurants: racks of lamb, BBQ ribs, full tomahawks, fruit juices, fruits, fish, shellfish, shells, kebabs, hot dogs, hamburgers, roasted corn, beers, scorpions, crickets, scorpions and other stews that I could not describe. I chose roasted corn and tried a black scorpion. I started with the pincers and left the tail and stinger for last. It wasn't bad, quite crispy and golden. As Timon and Pumbaa would say, “slimy but tasty”.
Back to the hotel by Tuktuk. The street, even at night, was also full of motorbikes so we had to walk carefully. In the morning, in a smooth run along the highway and with no fixed place to run, we headed south. I didn't realize the time when I had accidentally gone 3 km, so we went back. We pass next to an elementary school with the children in uniform, blue pants and orange shirts. This uniform is mandatory from Monday to Saturday and they have English as their second official language. There were plenty of cows on the loose and assorted roadside stalls, from “vulkas” to street food to 7-elevens.
The Napasai will close soon to undergo remodeling just like the Maroma. The Belmond chain was acquired by LVMH, the absolute leading French multinational conglomerate in luxury and owner of 76 renowned brands worldwide. It is based in Paris and is chaired by Bernard Arnault, the world's richest person, who wants his hotels to be even more luxurious. We stayed talking for a while about these experiences. We agree that Airbnbs will continue to gain ground, but super-luxury chains will continue to exist and move further and further away from a conventional trip.
The days and nights on the island were like the ones promoted by Mr. Rourke and Tattoo on their fantasy TV show in the 1970s. We enjoy Koh Samui, but as Mexicans we are convinced that the beaches of the rest of the world are inferior to ours, not only because of their natural beauty, but also because of the careful service of our people. Finally we head back to Bangkok for our flight to Siem Reap in Cambodia, our next stop.